Aprendiendo del Pasado
Dorothea Debus (Universidad de Constanza) Traducido por Elena Ostos
Me complace haber sido invitada a contribuir a este nuevo foro en línea dedicado a mantener conversaciones amplias y heterogéneas sobre la memoria, y he seguido con interés las distintas aportaciones a este nuevo blog durante los últimos meses. Me parece una gran iniciativa ofrecer este espacio, brindándonos a todos un foro para compartir nuestras ideas sobre cuestiones de la Filosofía de la Memoria en un contexto más informal y algo menos académico. Por ello, me gustaría comenzar dando un enorme agradecimiento a Sarah Robins y Marta Caravà por construir para nosotros este hermoso Palacio de la Memoria.
Mi contribución de hoy pretende abordar un tema que parece ser tanto de interés general como de interés filosófico en un sentido más preciso: la cuestión de si podemos aprender del pasado y, en caso afirmativo, qué roles podrían desempeñar la memoria y el testimonio en tales contextos.
Empecé a pensar que este conjunto de preguntas podría ser de interés filosófico después de leer un informe sobre una conferencia de prensa con la entonces canciller alemana Angela Merkel en el verano de 2018, durante la cual Merkel sugirió que los alemanes solo sabrían si realmente habían aprendido algo del pasado una vez que todas aquellas personas que habían sido testigos y, por lo tanto, podían recordar personalmente la Segunda Guerra Mundial (como mis padres, que entonces eran niños pequeños) hubiesen fallecido. En aquel momento me pareció que había cierta verdad intuitiva en esta sugerencia, pero también resultaba inmediatamente evidente que tal sugerencia dependía de algunos supuestos sustanciales sobre la memoria personal.
Me pregunté entonces cuál era el papel que la sugerencia de Merkel atribuía a la memoria personal.
¿Por qué podría ser especialmente importante la memoria personal en un contexto en el que se dice que alguien podría (o no) haber aprendido algo del pasado? ¿Y cómo podría ser posible aprender del pasado si sabemos de los acontecimientos relevantes gracias al testimonio de otros, pero no sobre la base de la memoria personal? Y, en cualquier caso, ¿de qué hablamos cuando hablamos de que alguien aprende algo del pasado?
Esto ocurrió en el verano de 2018. En este tiempo, he pensado bastante sobre estas cuestiones y, en lo que sigue, me gustaría contarles algunas de mis reflexiones sobre este tema. Al hacerlo, recurro directamente a Debus (en prensa), citando ese texto siempre que resulte útil.
¿Qué se requiere para poder decir que alguien ha aprendido algo del pasado? Cuando, en contextos cotidianos, las personas hablan de “aprender del pasado”, a menudo parecen tener en mente casos en los que se cometieron errores en el pasado que deberíamos intentar evitar tanto ahora en el presente como en el futuro; errores que deberíamos asegurarnos de no repetir. Así, decir que deberíamos intentar “aprender del pasado” suele ser una forma abreviada de decir que deberíamos tratar de no cometer de nuevo errores que se cometieron en el pasado. Parece plausible sostener que los sujetos también pueden aprender de los logros pasados, pero para mantener las cosas simples me centraré aquí en casos en los que se cometió un error en el pasado.
Ahora bien, aprender de un error pasado parece una forma especial de aprendizaje que es, a veces, difícil. Pero entonces, ¿qué es exactamente lo que hace que sea difícil aprender de un error pasado? Es decir, ¿cuáles son las condiciones que, aun siendo difíciles de cumplir, deben cumplirse para que alguien haya aprendido de un error?
Sugiero que podemos responder a esta pregunta del siguiente modo: para que podamos decir de alguien que ha aprendido de un error pasado concreto, esa persona debe saber sobre el acontecimiento relevante, así como saber que fue un error. Dicha persona debe, por tanto, estar dispuesta a actuar de cierta forma, en modos que le permitan no repetir el tipo relevante de error, tanto ahora como en el futuro. Asimismo, debe comprender por qué el acontecimiento pasado debería considerarse un error y qué se requiere para evitar ese error ahora y en el futuro. En otras palabras, se debe comprender qué características hacen que el evento pasado relevante sea un error y qué características de posibles eventos presentes o futuros harían que esos eventos fueran instancias de ese mismo tipo de error.
Habiendo formulado estas condiciones, deberíamos preguntarnos por el papel que la memoria personal podría desempeñar en permitir que un sujeto cumpla dichas condiciones —es decir, deberíamos preguntarnos cómo podría la memoria personal ayudar a alguien a tener el conocimiento relevante, estar preparado para actuar de formas pertinentes y tener la comprensión adecuada— y, por lo tanto, ser capaz de aprender del pasado.
Podemos abordar esta cuestión comparando casos en los que alguien tiene recuerdos personales de un evento pasado relevante con casos en los que solo ha sido informado sobre él por otros (es decir, en los que adquiere información mediante testimonio), sin tener recuerdos personales del evento. Al comparar estas dos formas de conocer el pasado —la memoria personal por un lado y el testimonio por el otro— observamos que es más fácil cumplir las condiciones anteriores, y por lo tanto aprender del pasado, sobre la base de la memoria personal que hacerlo solo sobre la base del testimonio.
En efecto, sobre la base de la memoria personal, conoceremos el error pasado en detalle y de manera directa porque tenemos un recuerdo de ello. Estaremos, por tanto, preparados para actuar de manera distinta porque hemos experimentado las consecuencias negativas del acontecimiento pasado relevante y podemos recordarlas de forma vívida ahora; y comprenderemos que y por qué este evento fue un error, debido a que nuestra memoria personal nos proporciona lo que podríamos llamar una comprensión experiencial de la situación relevante.
Nada de esto parece posible cuando sabemos de un error pasado solo porque alguien más nos ha informado de ello. En este caso, se necesita hacer preguntas y reunir mucha evidencia (por ejemplo, fotos, películas u otras grabaciones, o más informes de otros testigos) para conocer el acontecimiento relevante en detalle. Necesitamos pensar o intentar imaginar qué haríamos, o qué habríamos hecho, en una situación relevante para actuar de maneras que contribuyan a evitar errores del mismo tipo ahora y en el futuro. Y, careciendo de una comprensión experiencial, tendremos que pensar con cuidado para comprender de manera más teórica que y por qué el evento pasado relevante fue un error en primer lugar.
Así, para alguien que tiene recuerdos personales de un acontecimiento pasado relevante es mucho más fácil aprender del pasado que para alguien que conoce el acontecimiento relevante solo por el testimonio de otras personas.
Esto, a su vez, explica también por qué parece plausible aceptar la sugerencia de Angela Merkel de que los alemanes solo sabrán si realmente han aprendido algo del pasado una vez que todas las personas que han sido testigos y, por tanto, pueden recordar personalmente la Segunda Guerra Mundial hayan muerto. Es aquí donde la filosofía se encuentra con la vida real.
Todos tenemos recuerdos personales de errores que ocurrieron en nuestras propias vidas. Pero para que la humanidad aprenda de algunos de los mayores errores de la historia, a menudo no podemos confiar en recuerdos personales. Los acontecimientos relevantes son normalmente demasiado lejanos en el tiempo, u ocurren en lugares demasiado distantes, de modo que nosotros aquí (dondequiera que “aquí” sea) no podemos presenciarlos, por lo que no podemos recordarlos personalmente.
Por supuesto, es preferible poseer conocimiento por testimonio que no poseer conocimiento en absoluto —pues haber sido informados nos da la oportunidad de aprender de los errores relevantes de algún modo. Sin embargo, mientras no tengamos recuerdos personales y debamos basarnos en el testimonio de otros, tendremos que hacer un gran esfuerzo para poder aprender de los errores pasados. Esto se debe a que, para aprender del pasado por medio de los otros, nos bosta con escuchar el testimonio en una sola ocasión o haber leído un par de frases sobre él de pasada. Para que podamos aprender algo del pasado basándonos en el testimonio, tendremos que hacer un gran esfuerzo, tanto individual como colectivo, y esto, creo, es una verdad importante que debemos recordar y aplicar en la medida de lo posible.
Para más información véase: Debus, D. (en prensa): “On Memory, Testimony, and Our Ability to Learn from the Past”, en Goldberg, S. y Wright, S. (eds.): Testimony and Memory. Oxford: OUP.
Dorothea Debus es Profesora de Filosofía en la Universidad de Constanza (Alemania).
Traducción: Elena Ostos es estudiante de doctorado en el Center for Philosophy of Memory de la Université Grenoble-Alpes, bajo la supervisión de Denis Perrin y con codirección de John Sutton. En su tesis investiga cómo la corporalidad arroja luz sobre la fenomenología del recuerdo episódico. También le interesan los debates en torno a la cognición mínima y la cognición animal no humana.


